Estimada Directora de RR.HH: Soy Jacinto Rey, empleado de la compañía cuyo personal usted comanda. No tengo el gusto de conocerla personalmente porque nunca ha surgido la ocasión, y porque mi actitud en mi puesto de trabajo no ha motivado entrevista alguna.

     Supongo que le extrañará recibir el presente correo. Puedo asegurarle que para poder ponerme en contacto con usted he tenido que recorrer veinticinco kilómetros tierra adentro, porque en donde me encuentro “disfrutando” de mi descanso estival no llega la señal de internet.

     Señora Directora, no puedo más y le explicaré por qué. Mi esposa, deseosa de pasar unas vacaciones especiales y alejadas de los principales núcleos turísticos, decidió alquilar en una agencia un cortijillo, como lo llaman aquí, en un paradisíaco entorno, antigua zona volcánica catalogada como Parque Natural. No deseo alargarme en explicaciones porque imagino que estará muy ocupada, así que me limitaré a comentarle que el Paraje Natural es un secarral en donde sólo viven las chicharras y los grillos que  son los pocos animales que habitan en este inhóspito entorno. Durante el día, las primeras nos aturden; por las noches, cogen los grillos el relevo. No se puede ni imaginar los decibelios a los que estamos sometidos las veinticuatro horas del día…Cuando alquiló mi mujer la casa, le aseguraron que estaba en primera línea de playa. Lo que no le comentaron fue la distancia al mar que las leyes de esta zona consideran óptima para instalar esa primera línea. Ni que existe una absoluta prohibición de acceder a la playa en coche porque aquí hay unas plantas endémicas en Europa que no superan la altura de quince centímetros y que, lógicamente, no proporcionan sombra alguna. Nuestras caminatas desde el cortijo hasta la playa son lo más parecido que conozco a la aventura de los hebreos cruzando el desierto. No quiero hablarle del calor que estamos pasando en estas desérticas tierras, ni de las algas urticantes, también protegidas, que viven en las zonas bajas del mar, o sea, en el lugar destinado al baño. Mejor no explayarme en el día en el que una medusa Royal Blu, especialísima en su género, se enganchó en las rastas de mi hijo y que nos obligó, además de a raparle al cero, a tener que permanecer dos días en el hospital más cercano, ya que el bicho se pasó su agonía picando al chiquillo en la cabeza hasta que se secó.

     Señora directora, no puedo más. Además de la situación geográfica permítame decirle que las vacaciones ya me han costado un suplemento inesperado de casi mil euros porque se me ocurrió echar la caña en la playa y el Seprona, además de incautarme el material de pesca, me ha multado por saltarme las normas sobre espacios naturales protegidos. En ningún caso mi desconocimiento sobre las mismas me eximió del pago de la multa, ni evitó que pasara una noche en el cuartelillo por negarme a entregar la caña que me regaló mi hija con motivo de mi veinticinco aniversario de casado con su madre.

     Señora Directora, echo de menos mi puesto de trabajo. Esa moqueta que piso todas las mañanas, esa luz artificial que no produce quemaduras…añoro el sonido de la impresora que hoy me parece arrullador, y el rostro de mi jefe por las mañanas, que al lado del que tiene mi suegro desde que se levanta hasta que se acuesta, me resulta ahora encantador. Por todo lo expuesto, señora Directora, le ruego me envíen un telegrama desde la empresa, porque los teléfonos aquí no funcionan, simulando que mi presencia es imprescindible y vital para el negocio. Sólo de esa manera podré escaparme de este infierno de vacaciones que tanto deseaba.

     Sin más, y a sus pies...Jacinto Rey. P.D: (Bajo la nevera vigila nuestros movimientos un lagarto tamaño dinosaurio, especialmente protegido por la Ley)